Ángela quiere aprender inglés. Pero en Forest Park, ella no tiene muchas opciones donde ir

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Ángela le lee La gran sorpresa de Dora a su hija Zoe, en su casa de Forest Park. Crédito de la foto: Sophia Qureshi.

6 SEPT 2023

Georgia es uno de solo dos estados que prohíbe que los residentes indocumentados asistan a clases de inglés como segundo idioma financiadas por el estado, haciendo que las perspectivas de trabajo a f

Cómo reporteamos esta historia: Canopy Atlanta se ha aliado con 285 South, quien ampliará y profundizará la cobertura centrada en la comunidad de los grupos de inmigrantes y refugiados locales.  La periodista Sophia Qureshi, fundadora y editora de 285 South y autora de esta historia, es escritora en residencia de Canopy Atlanta.

Esta historia también se produjo en colaboración con WABE.

Soporte para traducción proporcionado por Canopy Atlanta.

Desde que Ángela llegó a la zona metropolitana de Atlanta hace más de un año, ha estado tratando de aprender inglés. Sin saber de ninguna clase a la cual pudiera acceder que estuviera cerca de su casa en Forest Park, ella ha intentado enseñarse a sí misma.  Por lo tanto, ha tomado libros para niños y los ha estado traduciendo al español con su teléfono. Hoy, ella abre Dora´s Big Surprise, y muestra sus traducciones, escritas en tinta azul.

“’How will we get across?’ Boots wondered’” —lee el libro. “´We can ride that raft across the Wide River!´ —dice Dora”.

“¿Cómo vamos a llegar? —Boots se preguntó. ¡Podemos montar en esta balsa a través del Río Ancho! —Dijo Dora,” escribe Ángela sobre eso.

Ángela misma cruzó el río, el Río Grande, después de haber dejado Nicaragua en 2022. Era mamá soltera —con cuatro hijos, de edades entre los 9 y los 21 años —trabajando como cocinera en la cocina de un hospital en San Juan. Era demasiado difícil ganar suficiente dinero para mantenerlos, con las alzas de precios y la inestabilidad política, dijo ella.

Entonces puso sus esperanzas en Estados Unidos. Hizo el viaje de todo un mes por sí misma hacia la frontera de Tejas en Estados Unidos, dejando a sus hijos en Nicaragua.  En Tejas, dijo, se entregó a las autoridades de inmigración. Ángela (quien no quiso que se incluyera su apellido por su estatus de inmigración pendiente) no tiene número de seguro social, permiso para trabajar ni ninguna forma de Identificación en Estados Unidos, pero, dijo, tiene un abogado de inmigración y una fecha futura para ir al tribunal.

Mientras tanto, está buscando trabajo. Hace algunos meses dijo que había encontrado un aviso en Facebook para trabajar en un hotel y quería postular. Sin embargo, uno de los requisitos era hablar inglés al menos 50 por ciento del tiempo. Cada vez más se está dando cuenta de que para que se le abran oportunidades, necesita aprender inglés.

“Es importante porque interactuamos con la gente de este país. . . nos damos cuenta de que hallamos más posibilidades de mejores trabajos,” dijo ella.

Ángela vive en una casa de ladrillos estilo rancho cerca de la calle Jonesboro en Forest Park, la que arrienda con varios otros familiares, incluida su bebé de 6 meses, Zoe, que nació en la zona metropolitana de Atlanta. En los fines de semana trabaja desde la cocina, vendiendo tamales, que le dejan aproximadamente $800 al mes, enviando la mayoría a sus hijos en Nicaragua.

“No es suficiente. Por eso busco trabajo.”

Ángela está entre los más de 400,000 residentes indocumentados en Georgia, a quienes se les prohibe el acceso a las clases de inglés como segundo idioma que son financiadas por el estado, administradas mediante el sistema universitario de Georgia, por causa de su estatus inmigratorio. Y si bien la zona metropolitana de Atlanta se encuentra entre las primeras 20 zonas metropolitanas del país con el número más alto de personas sin estatus de residencia legal y el 40 por ciento de sus inmigrantes son indocumentados por algunas estimaciones, Georgia, junto con Arizona, son los únicos dos estados que no les permiten a esos residentes tener acceso a ninguno de los programas educacionales para adultos financiados por el estado, incluidas las clases de inglés como segundo idioma.

Los estados reciben financiamiento para la educación de adultos a través de los programas federales, dijo Jacob Hofstetter, Analista de Políticas en el Instituto de Políticas de Emigración con base en Washington D.C. Este año Georgia recibirá más de 2 millones de dólares del gobierno federal para lecciones de inglés para adultos.  Además, dijo Hofstetter, “no hay restricciones federales sobre el financiamiento para la educación de adultos inmigrantes no autorizados.”

Sin embargo, en Georgia, ese acceso para la educación de adultos fue efectivamente prohibido en 2010, cuando una nueva ley estatal hizo necesario que las agencias y los contratistas que ofrecían educación para adultos les solicitaran a los alumnos que mostraran prueba legal de residencia. Al año siguiente de que se promulgara la prohibición, hubo un 60 por ciento de disminución en las inscripciones para las clases de inglés como segundo idioma.

Algunas universidades han intentado suplir la escasez trabajando con grupos de la comunidad, ofreciéndoles clases a una población de inmigrantes que crece rápidamente.

“Hemos tenido suerte de hallar algunos tipos de financiamiento provenientes de fundaciones privadas que nos permiten ofrecer cursos para todos, cualquiera que viva en el estado de Georgia, sin importar su estatus,” dijo John Bunting, profesor de alto cargo en el programa intensivo de inglés de la Universidad Estatal de Georgia (Georgia State University).

Existen organizaciones como Ser Familia y la Asociación Latinoamericana que ofrecen clases y no piden ninguna prueba legal de residencia.  Pero debido a que sus oficinas principales se encuentran ubicadas en los suburbios del norte de Atlanta, es difícil llegar ahí para los que viven en el sur de la zona metropolitana.

Hace dos meses, dijo Ángela que una amiga le había contado de una clase de inglés que no requería documentación, pero le quedaba a 40 minutos de distancia y no podía llevar a su bebé Zoe con ella. Sería ideal, dijo, poder ir a clases que estuvieran más cerca de su casa en Forest Park.

Los latinos y asiáticos componen casi un tercio de la población de Forest Park y al menos 13,000 residentes en la zona del condado de Clayton son indocumentados. Sin embargo, el acceso a los recursos para las comunidades de inmigrantes es limitado, comparado con la zona metropolitana del norte.

Existe un reconocimiento creciente de sus necesidades.

“Tuvimos una reunión en la zona metropolitana sur con las comunidades de inmigrantes. . . quienes  se sentían desconectados de Gwinnett y Dekalb porque todos están bien conscientes de que ese es el centro donde muchas organizaciones están apoyando con servicios,” dijo Alberto Feregrino, organizador principal con CASA, una organización benéfica con sede en Washington DC que hace poco abrió una oficina en Atlanta.

En 2019, los votantes eligieron a Hector Gutierrez para el Consejo de la Ciudad de Forest Park, haciéndolo la primera persona de ascendencia latina que ocupa un cargo como consejero. Gutierrez ha estado trabajando para que haya más recursos para los residentes hispanos de la ciudad, recientemente promoviendo una alianza con Los Niños Primero, una organización benéfica con sede en Sandy Springs, para expandir su programa de educación temprana en la niñez a las escuelas públicas del condado de Clayton. Estas escuelas sí ofrecen clases de inglés para adultos y no piden que tengan un estatus de residencia para inscribirse, dijo el Dr. Chantil Normil, director del aprendizaje de un segundo idioma en las escuelas públicas del condado de Claytonpero que las ofertas se limitan a las personas que tengan niños que asisten a las escuelas del distrito.

Ser Familia también anunció la apertura de una oficina en el condado de Clayton el año pasado —que ofrecerá clases de inglés como segundo idioma en el otoño, junto con servicios de consejería y programas educacionales. Además, CASA está planificando enfocar el apoyo no tan solo a las familias que viven en el corredor de Buford Highway, sino que también a las que viven en la zona de Forest Park.

Pero Ángela no sabe de ninguna oferta venidera. «No. No sé», respondió, cuando le preguntamos si sabía de alguna.

Aun así, no se arrepiente de haber venido aquí.

Ángela se cambió a Georgia después de haber vivido en Alabama dos meses. Dijo que después de dos incidentes subsecuentes donde la trataron despectiva y racistamente cuando andaba comprando, decidió venir a Atlanta. “Me miré como una cosa mala,” dijo, recordando la experiencia.

A ella le gusta que haya tantos otros latinos en Georgia, y dice que no ha experimentado ningún racismo desde que ha estado aquí. Cuando se le preguntó qué es lo que le gusta de la vida en Atlanta dijo, “Todo.”

Se siente más cómoda aquí, aun cuando algunas de las leyes de Georgia la excluyan (el estado tampoco les permite a los residentes indocumentados acceso a los permisos para conducir).

Hasta que esas cambien, dependerá de su teléfono y de los libros de sus niños para entender el idioma.

¿Se pregunta dónde encontrar una clase de inglés en Metro Atlanta? Consulte esta lista de clases, desglosada por aquellas que solicitan prueba de residencia legal y aquellas que no.

FUENTE:

https://285south.substack.com/p/angela-quiere-aprender-ingles-pero

 

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