CÓMO ABRAZAR A UN ERIZO

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Lo que todo padre de un adolescente necesita saber

Criar a un adolescente a veces se siente como intentar abrazar a un erizo: uno se acerca con cariño y termina pinchado. Pero las púas no son rechazo, son las formas inadecuadas en que un cerebro todavía en construcción intenta protegerse mientras aprende por sí mismo.

Un cerebro con el acelerador más rápido que el freno

En la adolescencia, los sistemas cerebrales que buscan recompensa, novedad y aprobación social maduran mucho antes que aquellos que regulan la impulsividad y anticipan las consecuencias. Es como manejar un Ferrari con frenos de bicicleta. Por eso, un hijo puede saber que algo es riesgoso y hacerlo igual: no es falta de inteligencia, es una arquitectura cerebral en construcción.

Las grandes paradojas que hay que sostener

El adolescente quiere ser único, pero necesita pertenecer. Quiere libertad, pero todavía necesita límites. Quiere privacidad, pero necesita un adulto disponible. Estas contradicciones no son caprichos: son la tarea central de esta etapa, que consiste en separarse de la familia sin dejar de pertenecer a ella. Cuando un hijo dice “yo no soy tú”, no te está diciendo “ya no te necesito”.

La genética no es destino

La genética y el medio ambiente interactúan constantemente, lo que da lugar a resultados diversos. El mismo ambiente puede convertirse en un factor de riesgo (estrés, aislamiento, falta de sueño) o en un factor de protección (vínculo estable, límites claros, adultos disponibles), según cómo se sostenga. La genética no es determinante. Es importante estar atentos al entorno del adolescente.

Qué deben hacer los padres

Con todo esto en mente, hay acciones concretas que marcan la diferencia:

1. Conecten antes de corregir.
Validen lo que el hijo sintió antes de poner el límite; la corrección que llega después de la conexión se recibe de manera distinta.

2. Cambien el lenguaje cotidiano.
En vez de “¿qué te pasa ahora?”, prueben “Te noto diferente, si quieres hablar, aquí estoy”. En vez de “eres irresponsable”, prueben “eso fue irresponsable, ¿cómo lo vas a reparar?”.

3. Ofrezcan autonomía progresiva, no todo o nada.
Cada muestra de responsabilidad merece un poco más de libertad; así se enseña a autorregularse en vez de solo obedecer.

4. Estén disponibles sin invadir.
Respeten la privacidad, pero mantengan la puerta abierta.

5. Cuiden el vínculo como su principal herramienta.
El vínculo es la base que permite que los adolescentes realmente asuman los límites.

6. No esperen demasiado ante señales de alarma.
Los cambios marcados y persistentes en el estado de ánimo, el sueño, el rendimiento académico o las relaciones interpersonales son motivo más que suficiente para solicitar una evaluación profesional. No es debilidad, es una etapa de la vida.

No se trata de quitarle todas las púas al erizo.
Se trata de aprender a acercarse de una manera que proteja el vínculo, porque ese vínculo, sostenido con paciencia, es lo que finalmente permite que las púas se acorten e incluso desaparezcan.

Dr. Tulio Quevedo
NCAC II. Consejero en adicciones (USA)
Coach de vida (USA)
Médico Psiquiatra (Perú)
Cel. (404) 578 9090

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