CUANDO LEVANTÉ LA COPA

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Por IRENE DIAZ-BAZAN

Tenía 22 años cuando, tras rendir varios exámenes y con mi título de periodista en mano, ingresé a trabajar al diario El Comercio en Lima, Perú. Fue el primer gol profesional que anoté en mi bisoña existencia.

Al poco tiempo, Mario Cortijo, uno de los jefes de Informaciones, tuvo la genial idea de formar un equipo femenino de fútbol. Después de audicionar, aunque con muy poca experiencia y para mi sorpresa, fui seleccionada.

Mi acercamiento al fútbol, hasta entonces, había sido como espectadora, desde las tribunas, alentando al primer gran jugador que vi en mi vida: mi hermano Renato. Kurk —como le digo— participaba en sus torneos de calichín del colegio San Agustín. Fue ahí donde el deporte del balompié se apoderó de mis sentidos.

El fútbol ya era un semillero en mi hogar, en nuestras dinámicas familiares. Con el paso de los años, amé cada vez más este deporte.

Al integrar el equipo de El Comercio, asumí la posición de defensa. No era buena, pero era empeñosa, entregada, puntual en mis prácticas y obediente a las indicaciones del entrenador.

Después de varios partidos, logramos levantar la Copa Interbancos. ¡Vencimos! Y saboreamos con creces la victoria.

Años después, puedo decir que nada se parece al fútbol. Ningún deporte se juega con esa pasión casi frenética que inunda los sentidos. No se trata solo del valor de clasificar, avanzar a cuartos de final, conseguir el pase a la final, anotar goles o saborear el éxito de una copa de campeones.

Quienes hemos transpirado la camiseta de nuestro equipo hemos sentido el enorme peso de jugar en una cancha: medirse con el rival cara a cara, pie a pie; arrebatarle la pelota, hacerla tuya y avanzar hasta el arco, superando la marcación de quienes intentan ponerte zancadillas.

Y es que el fútbol se parece tanto a nuestra propia realidad, cada vez más competitiva. En la cancha, como en la vida, debemos hacer a veces jugadas maestras para lograr el objetivo, sin perder el foco ni las oportunidades de convertir nuestros esfuerzos en un gol.

Y aunque a veces otros puedan jugar sucio, lesionarte o derribarte, nuestra mentalidad siempre debe ser de ganadores.

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