KARLA ALCOCER: UNA HISTORIA DE RAÍCES Y SUPERACIÓN

En el Mes de la Hispanidad destacamos el camino de una dama emprendedora mexicana marcada por el ejemplo y liderazgo de su madre.
Karla Romina Alcocer Perulero nació en Acapulco, Guerrero, México, y llegó a los Estados Unidos a los ocho años junto a su familia. Atlanta se convirtió en su hogar, la ciudad donde creció, estudió y donde ha construido gran parte de su vida.
Desde muy joven desarrolló un fuerte espíritu emprendedor, una cualidad que reconoce haber heredado de su madre. Al llegar a Estados Unidos, vio cómo ella trabajaba incansablemente, pero también buscaba constantemente nuevas formas de salir adelante. La recuerda vendiendo oro, productos de belleza e incluso tamales.
Karla creció observando a una mujer que no tenía miedo de intentar cosas nuevas, buscar oportunidades y hacer todo lo posible por ayudar a su familia. Sin darse cuenta, aquel ejemplo fue sembrando en ella el deseo de emprender, reinventarse y encontrar siempre una alternativa para seguir adelante.
DOS GRANDES EJEMPLOS BAJO EL MISMO TECHO
Sus padres le han dado dos grandes lecciones que marcaron profundamente su vida: de su madre, la fortaleza y el espíritu emprendedor; y de su padre, el valor del trabajo, la responsabilidad, la disciplina y la perseverancia.
De su progenitor heredó también otra parte fundamental de su carácter: la disciplina y la constancia. Desde que llegaron a este país, siempre lo vio mantener dos empleos, y hasta el día de hoy continúa trabajando en ambos.
Ahora que Karla y su hermano son adultos y sus padres viven solos, considera que el trabajo ya no representa únicamente una necesidad para su padre, sino que se ha convertido en parte de su manera de ser.
TRABAJAR DESDE MUY JOVEN
La historia laboral de Karla comenzó temprano. Su primer empleo fue como cajera en restaurantes de comida rápida. También se dedicó a limpiar casas e incluso intentó iniciar su propio negocio de limpieza. Sin embargo, alcanzar la estabilidad económica que necesitaba no resultó sencillo. Así decidió regresar al sector de restaurantes, para contar con un ingreso más estable. Su corazón emprendedor que había aprendido de su madre nunca desapareció.
En diferentes etapas de su vida, Karla también vendió comida desde casa. Durante la pandemia, cuando su esposo perdió su trabajo, la familia atravesó un periodo de gran incertidumbre. Karla y su esposo decidieron buscar una alternativa y comenzaron a vender quesabirrias desde su hogar. Su emprendimiento tuvo una excelente acogida.
Aquella experiencia volvió a demostrarle que, incluso en medio de las dificultades, siempre existe la posibilidad de crear nuevas oportunidades.
SU FAMILIA, EL MOTOR DE CADA PASO
Karla se casó muy joven con Luis Gustavo Vargas Justo, con quien ha formado una hermosa familia. Son padres de tres hijos.
Su familia ha sido una pieza fundamental de su historia y una de sus mayores motivaciones para continuar creciendo.
Después del nacimiento de su último hijo, Karla atravesó una fuerte depresión postparto. Fue una etapa que le tomó varios años superar y que marcó profundamente su vida.
Gracias al apoyo de su familia, mucha perseverancia y, sobre todo, con su fe y la bendición de Dios, logró salir adelante.
Aquella experiencia transformó su manera de ver la vida y le enseñó a valorarla de una forma diferente.
DE LA BANCA AL SERVICIO DE LA COMUNIDAD
En 2016 comenzó una nueva etapa cuando tuvo la oportunidad de trabajar para Wells Fargo, institución en la que permaneció durante siete años.
Comenzó como teller, posteriormente fue supervisora y luego personal banker. Durante la pandemia también tuvo la oportunidad de colaborar con el programa de préstamos PPP, ayudando a personas y pequeños negocios en una época de gran incertidumbre económica.
Esta experiencia le permitió ampliar sus conocimientos financieros y fortalecer su vocación de servicio.
VOLVER A APOSTAR POR ELLA MISMA
En 2020 decidió nuevamente asumir un reto y apostar por su crecimiento profesional. Regresó a estudiar y comenzó su preparación en bienes raíces con la meta de obtener su licencia en el estado de Georgia. En 2022 se convirtió oficialmente en agente de bienes raíces, una profesión que hoy ejerce con verdadera pasión.
Para Karla, esta industria competitiva representa mucho más que comprar o vender una propiedad. Su profesión le permite trabajar directamente con las personas, conocer sus historias y acompañar a familias que, muchas veces al igual que la suya, llegaron a este país buscando mejores oportunidades. Ayudarlas a alcanzar el sueño de tener un hogar propio se ha convertido en una de las mayores satisfacciones de su carrera.
MUCHO MÁS QUE VENDER UNA CASA
Para Karla, cada familia tiene una historia y cada hogar representa mucho más que una propiedad. Su experiencia como inmigrante le permite comprender de cerca los sacrificios, las ilusiones y los desafíos de quienes llegan a Estados Unidos con la esperanza de construir un futuro mejor. Acompañar a una familia durante el proceso de adquirir su casa representa para ella una valiosa oportunidad de servicio.
Sus aspiraciones no terminan en el mundo de los bienes raíces. Otra de las grandes pasiones de Karla es la cocina. La experiencia de vender comida fortaleció ese amor y dio forma a otro de sus grandes sueños: algún día tener su propio restaurante familiar.
Karla sueña con crear un espacio de auténtico sabor mexicano donde pueda compartir sus raíces y sus recetas que llevan su sello personal.
UNA VIDA HECHA DE MUCHOS COMIENZOS
Cuando Karla mira hacia atrás, comprende que su historia no comenzó cuando obtuvo su licencia de bienes raíces. Comenzó mucho antes. Fue viendo a su madre buscar constantemente nuevas formas de emprender y observando a su padre levantarse cada día para cumplir responsablemente con sus trabajos.
Ha trabajado en restaurantes, ha limpiado casas, ha intentado crear su propio negocio, ha vendido comida desde su hogar, ha desarrollado una carrera en la banca y finalmente encontró otra de sus grandes pasiones en bienes raíces. En su trayecto cada experiencia, cada desafío y cada etapa han contribuido a formar a la mujer que es hoy.
SIN OLVIDAR SUS RAÍCES
Esposa, madre, hija, inmigrante, emprendedora y profesional, Karla Alcocer es una mujer que ha aprendido a reinventarse cuando la vida se lo ha exigido. Aprendió a transformar las dificultades en oportunidades y que todavía conserva muchos sueños por cumplir. Su historia ha tenido momentos difíciles, pero también innumerables bendiciones.
La gran lección: con trabajo, perseverancia, familia, fe y la bendición de Dios, siempre es posible encontrar una manera de seguir adelante.






