ALFABETIZANDO: UN COMPROMISO COLECTIVO CON ALMA Y CORAZÓN

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Por Irene Diaz-Bazán
Fotos: Rosy Cantú

GAINESVILLE, GEORGIA.-
No es una maestra pero educa, forja y ayuda a superar la barrera del analfabetismo que limita a una comunidad de migrantes en Gainesville, al norte de Georgia…Ella es Miriam Marin, una peruana quien comparte sus conocimientos en el salón de clases de la iglesia First Baptist Church que le abrió las puertas para llevar a cabo una labor no remunerada.
“En esta iglesia donde me ayudaron a obtener la ciudadanía, inmediatamente me dijeron que si, expresa la educadora por vocación.
Miriam soñaba con el momento de instruir a personas iletradas pero la pandemia puso en pausa este anhelo. Su necesidad de producir un cambio social a favor de este colectivo de migrantes surgió mientras trabajaba en un banco advirtiendo que un cliente no podía escribir su nombre.
“Me impactó eso de ver a ese señor que no podía firmar y tuvo ese llamado y dije tengo que hacerlo…paso mucho tiempo hasta poder materializar las clases en sí”, agrega.
Hasta que creó su página CONECTADOS GAINESVILLE en las plataformas sociales. Así pudo convocar al segmento de población excluido de la educación, y de paso, promover la enseñanza de las primeras letras a sus estudiantes.
“Había tocado muchas puertas hasta que una iglesia americana fue la que me brindó un espacio gratis para los hispanos y gracias a ellos estamos acá ubicados dando estas clases de alfabetización para adultos. Es completamente gratis. Los alumnos no necesitan ningún tipo de identificación, incluso los materiales se los brindamos”.
Su alumnado, compuesto por madres con familias numerosas quiere aprender a leer y escribir y con ello, mejorar su calidad de vida.

DOBLE IMPEDIMENTO

Una de sus estudiantes es la guatemalteca Maria Sica Xcoy, madre de tres menores en etapa escolar. Ella no habla inglés y con ciertos limitantes pronuncia el español. Su mayor preocupación es ayudar a sus hijas con sus tareas escolares y comunicarse fluidamente con sus maestras.
El primer idioma de Maria es el CHUJ y aprender el alfabeto resulta todo un desafío.
La centroamericana nunca tuvo la oportunidad de aprender a leer y escribir porque siendo niña estuvo sometida al rigor del trabajo.
“Yo no fui a la escuela porque nosotros somos pobres y mi papá nos llevó a trabajar, a sembrar milpa, y por eso yo no fui a la escuela. Yo no sé leer ni escribir pero mi niña me ayuda con las
letras …”
La mexicana Irma Morales, es otra estudiante iletrada quien busca superar la falta de instrucción que ha limitado su vida no solo en su país sino también al emigrar a Estados Unidos. Morales trabaja en una tintorería y se las ha ingeniado para descifrar órdenes, hacer el trabajo y ganar el sustento para su hogar.
“Cuando uno quiere puede. A veces aunque yo no sé leer ni escribir trataba de deletrear lo que dice la hoja, tardaba en hacerlo pero sí lo hacía”
Irma es una dedicada estudiante quien semana a semana y paso a paso experimenta el valor de la instrucción.
“Ahora que ya aprendí a leer un poquito más a aprender a leer y a escribir se me hacen más fácil las cosas”, expresa.
Según estadísticas de la UNESCO, unos 861 millones de personas, es decir el 20 por ciento de los adultos del mundo, no saben leer ni escribir. Dos tercios de esas personas son mujeres.
Estas mujeres hispanas que pertenecen a la minoría intentan superar esa cifra en Georgia.

DESARROLLO SOSTENIBLE

A través de su loable labor y sin percibir un dólar, Miriam Marin, corrobora a la construcción de la identidad y la autonomía de sus alumnas quienes ponen todo de su parte para aprender.
Estas madres aspiran a obtener igualdad de oportunidades, libertad, protección ante la ley, estabilidad financiera y por supuesto ayudar a sus familias Marin lo hace sin recibir nada a cambio; excepto obtener en un abrazo sostenido el cariño de alguien que anhela superar la discriminacion, el aislamiento de la sociedad y obtener autonomía en su propia vida.
“Gracias a ellas yo puedo ser la maestra y dar lo que tengo en mi corazón”, puntualiza la peruana quien suena con tener su propia escuela para acrecentar esta labor.


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