Expertos alertan que la violencia armada en EE. UU. no cede y exigen una respuesta integral

POR PRENSA ATLANTA
Los tiroteos masivos y la violencia armada se han convertido en una característica sombría y recurrente de la vida en Estados Unidos. Si bien el número de tiroteos masivos ha disminuido a sus niveles más bajos en dos décadas, Estados Unidos sigue registrando el mayor número de muertes relacionadas con armas de fuego en comparación con otros países desarrollados. Sin embargo, a pesar de la indignación nacional que ocurre tras un tiroteo masivo, las respuestas políticas siguen siendo desiguales y polarizadas, limitadas por los debates constitucionales y la cultura armamentística estadounidense.
Durante la videoconferencia ¿Podrá Estados Unidos lograr avances en la lucha contra los tiroteos masivos y la violencia armada? organizada por American Community Media, ACoM, tres expertos
disertaron sobre las causas estructurales de los tiroteos masivos, las intervenciones políticas necesarias a nivel federal y las iniciativas comunitarias exitosas a nivel local, incluyendo las de Baltimore y Nueva York.
PANELISTAS
Guest Speakers
Director, The Center of Prevention and Evaluation (COPE) at Columbia University Sarah Lerner, Co-founder of Teachers Unify to End Gun Violence
Bloomberg Professor of American Health, Johns Hopkins University
Co-founder of Teachers Unify to End Gun Violence
EDUCADORES AL FRENTE DEL DEBATE SOBRE LA VIOLENCIA ARMADA
Durante el encuentro virtual -moderado por la periodista Sunita Sorabji- se subrayó que, a pesar de la conmoción pública que provocan los tiroteos masivos, el país sigue careciendo de una respuesta política coherente y sostenida. Las iniciativas legislativas continúan enfrentando fuertes divisiones ideológicas, condicionadas por interpretaciones constitucionales y por una cultura
profundamente arraigada en torno a la posesión de armas.
ESCUELAS EPICENTRO DE LA CRISIS SOCIAL
La conferencia inició con el testimonio de Sarah Lerner, profesora y periodista, sobreviviente del tiroteo ocurrido en 2018 en la escuela secundaria Marjory Stoneman Douglas, en Parkland, Florida. Más allá del relato personal, Lerner centró su intervención en el impacto que la violencia armada tiene sobre el sistema educativo y las comunidades escolares.
Recordó que, mientras impartía una clase de inglés, una alarma de incendios interrumpió la jornada. Minutos después, el sonido de los disparos la obligó a tomar decisiones rápidas para resguardar a 15 estudiantes en su aula durante varias horas, hasta que fueron evacuados por fuerzas especiales. La tragedia dejó un saldo irreparable: dos de sus alumnas perdieron la vida.
Tras el ataque, Lerner optó por convertir el dolor en documentación y memoria. Desde su rol como asesora del periódico y el anuario escolar, impulsó un esfuerzo periodístico para registrar las secuelas emocionales, sociales y políticas del tiroteo, así como el surgimiento de un movimiento estudiantil a favor del control de armas. Ese trabajo se materializó en Parkland Speaks (2019), una recopilación de testimonios de sobrevivientes.
¿Cómo fue para sus estudiantes y sus compañeros docentes regresar al aula?
“La escuela estuvo cerrada unas dos semanas. El director de entonces insistió en que no volviéramos a la escuela hasta que se hubieran celebrado los 17 funerales, y fue muy inflexible. Así que
volvimos unas dos semanas después. Yo pensaba, y sé que el 90% de los profesores de la escuela pensaban lo mismo. ¿Cómo podía esperar que mis alumnos terminaran de leer 1984? ¿Cómo podía
esperar que leyeran Macbeth cuando todos mueren en la obra? Así que hubo mucho aprendizaje socioemocional, la generosidad de todo el país y del extranjero con donaciones, comida, juegos, libros para colorear y todo eso”.
DE LA EXPERIENCIA PERSONAL AL ACTIVISMO COLECTIVO
La repetición de episodios de violencia armada en distintas comunidades del país llevó a Lerner y a otras educadoras a fundar en 2021 la organización Teachers Unify to End Gun Violence.
La iniciativa busca visibilizar el papel de los docentes, no solo como educadores, sino como primeros respondedores emocionales ante una violencia que se manifiesta tanto en ataques masivos como en incidentes cotidianos, incluida la violencia doméstica y comunitaria.
- Desde esta perspectiva, la conferencia dejó claro que el debate sobre las armas en Estados Unidos no se limita a estadísticas o interpretaciones legales, sino que atraviesa directamente las aulas, los hogares y la salud mental de quienes enseñan y aprenden cada día.
QUÉ INDICAN LOS ESTUDIOS CIENTÍFICOS
Las afirmaciones de los panelistas se apoyan en hallazgos consolidados de la investigación científica, que refutan la idea de que los ataques masivos con armas de fuego sean consecuencia directa
de trastornos mentales o del consumo de fármacos psiquiátricos.
Estudios especializados en violencia extrema, psicosis y tratamientos con antidepresivos del tipo ISRS no han encontrado evidencia que establezca una relación causal directa entre la atención psiquiátrica y la perpetración de asesinatos masivos.
En contraste, la evidencia académica apunta a un conjunto de factores estructurales y sociales con mayor incidencia en estos hechos. Entre los más relevantes figuran la disponibilidad de armas
de alto poder, antecedentes previos de violencia, situaciones de crisis personal sin atención adecuada, aislamiento social y deficiencias en los sistemas de alerta temprana y prevención.
Investigadores y especialistas coinciden en que atribuir estos actos de violencia principalmente a la salud mental resulta no solo impreciso, sino perjudicial. Este enfoque, advierten, profundiza el
estigma hacia quienes padecen trastornos mentales, desalienta la búsqueda de ayuda profesional y desvía el debate público de medidas de prevención con respaldo empírico.
EN CIFRAS
El experto en salud pública Daniel Webster, de la Universidad Johns Hopkins, destacó una disminución significativa de los homicidios con armas de fuego en Estados Unidos, una tendencia positiva que, según indicó, ha recibido poca atención mediática. Aunque el país sigue registrando tasas muy superiores a las de otras naciones desarrolladas, los homicidios han caído alrededor de un 40 % desde el máximo alcanzado entre 2021 y 2022. En ciudades como Detroit, Baltimore y Filadelfia, la reducción ha sido aún más marcada, y de continuar esta trayectoria, 2024 o 2025 podrían registrar los niveles más bajos desde 1960.
Webster explicó que el aumento previo estuvo vinculado al impacto de la pandemia, que debilitó los sistemas policiales, judiciales, educativos y de salud, además de generar tensiones sociales y un
incremento histórico en la compra de armas. En contraste, atribuyó la caída actual a una combinación de políticas públicas, inversiones federales en programas comunitarios, la ley bipartidista de 2022 para comunidades más seguras y cambios sociales como la reducción del consumo de alcohol y una mayor desaprobación de la violencia entre los jóvenes.
Webster, subrayó la estrecha relación entre la violencia doméstica y la violencia armada, señalando que el acceso del agresor a un arma de fuego multiplica significativamente el riesgo de homicidio, y que leyes más estrictas en este ámbito contribuyen de manera efectiva a la prevención.
Al concluir el foro, los expertos subrayaron que la reducción reciente en el número de tiroteos masivos no debe interpretarse como un avance definitivo. Por el contrario, señalaron que el momento actual ofrece una oportunidad crucial para promover políticas públicas integrales que aborden la violencia armada como un problema prevenible desde una perspectiva de salud pública, antes de que otra tragedia vuelva a marcar al país.
Para ver la conferencia digital ingrese al siguiente enlace:











