LAS REDES QUE CRUCIFICAN

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Por Irene Díaz-Bazán

Hace un par de días, las redes sociales se sacudieron ante una tragedia transmitida en vivo: un sacerdote perdió la vida al caerle encima el pesado madero de una cruz de la iglesia donde celebraba misa.

Las imágenes captaron el preciso momento en que el sacerdote ecuatoriano Patricio Sánchez Molinari recibió el golpe mortal.

En cuestión de minutos, el video comenzó a multiplicarse en las redes, convertido en contenido para acumular «me gusta», visualizaciones y seguidores.

No se respetó al ser humano que había fallecido ni a sus seres queridos, quienes hoy deben afrontar una dolorosa pérdida.

No hay edición cuando el morbo es el protagonista.
No hay límites cuando la tragedia se convierte en espectáculo.
No hay un filtro de sensibilidad que invite a detenerse antes de compartir.

Solo parece existir una avidez desmedida por conseguir reacciones e, incluso, monetizar el dolor ajeno.

Lamentablemente, este mundo digital alimenta una cultura de deshumanización que deja al descubierto nuestra falta de sensibilidad y de amor por el prójimo.

Antes de publicar, deberíamos preguntarnos: ¿estamos informando o estamos convirtiendo la muerte de alguien en una oportunidad para ganar audiencia?

La dignidad humana no debería quedar sepultada bajo un contador de visualizaciones.

Descanse en paz, padre Patricio.

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