LA SALUD RURAL EN EMERGENCIA: MILLONES ENFRENTAN EL ALTO COSTO DE LA ATENCIÓN MÉDICA

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REDACCIÓN PRENSA ATLANTA

23 DE SEPTIEMBRE

Más de 66 millones de estadounidenses —uno de cada cinco— viven en zonas rurales del país.
Los habitantes de estas comunidades enfrentan una creciente crisis relacionada con el costo y el acceso a la atención médica. Muchos han perdido su cobertura de salud y están experimentando retrasos para recibir atención.
Aproximadamente el 8.4 % de los estadounidenses que viven en áreas rurales no cuentan con seguro médico.

Se prevé que el impacto se intensifique a medida que entren en vigor los cambios relacionados con Medicaid y la Ley de Cuidado de Salud a Bajo Precio (ACA). 

Cerca de 5 millones de estadounidenses dejaron de tener cobertura de seguro médico, mientras que las primas mensuales aumentaron en promedio un 25 % en enero. Organizaciones defensoras del acceso a la salud anticipan que las primas podrían aumentar nuevamente alrededor de un 15 % en enero de 2027.

La crisis es particularmente grave debido al cierre de hospitales rurales. Según datos de mayo de 2026 del Center for Healthcare Quality and Payment Reform, 720 hospitales rurales están en riesgo de cerrar. De ellos, 294 enfrentan un riesgo inmediato y podrían cerrar en un plazo de dos a tres años. Como consecuencia, pacientes que necesitan atención urgente se ven obligados a recorrer distancias cada vez mayores para recibir servicios médicos.

CONSECUENCIAS ECONÓMICAS Y HUMANAS

Durante la videoconferencia “La atención sanitaria rural, al límite: ¿Quién puede permitirse mantenerse sano?”, organizada por American Community Media (ACoM), especialistas analizaron las consecuencias económicas y humanas que esta crisis está provocando en millones de personas. La pérdida de cobertura, las dificultades para conseguir atención oportuna y el cierre de centros hospitalarios forman parte de un panorama que amenaza con profundizar las desigualdades sanitarias entre las zonas urbanas y rurales del país.

A esta situación se suma el incremento del costo de los seguros de salud. Organizaciones defensoras del acceso a la atención médica proyectan que las primas podrían aumentar nuevamente alrededor de un 15 % en enero de 2027.

UNA CRISIS QUE COMENZÓ MUCHO ANTES

La doctora Katherine Hempstead, asesora principal de políticas de la Robert Wood Johnson Foundation explicó que las comunidades rurales ya enfrentaban importantes dificultades sanitarias antes de los recientes cambios regulatorios.

“Suelen registrar tasas de pobreza más elevadas que las zonas no rurales, sufren un descenso demográfico y un envejecimiento extremo de la población; además, presentan peores condiciones de salud, con mayores tasas de enfermedades crónicas, tabaquismo y causas externas de muerte como el suicidio y las sobredosis de drogas”, señaló.
Hempstead explicó que estas comunidades también enfrentan numerosos factores sociales que afectan directamente la salud, entre ellos las dificultades para acceder a alimentos nutritivos, determinados riesgos laborales y la exposición a sustancias químicas.
Asimismo, mencionó que algunas zonas rurales registran elevados índices de cáncer, mientras muchos pequeños hospitales operan con márgenes financieros mínimos o incluso negativos. A esto se suma la falta de personal médico.

“Otro problema en las comunidades rurales es la persistente escasez de profesionales de la salud, cuya proporción respecto a la población es mucho menor que en otras zonas”, afirmó.

MILLONES PODRÍAN QUEDARSE SIN COBERTURA

De acuerdo con Hempstead, los cambios tanto en Medicaid como en los mercados de seguros de la ACA podrían dejar a millones de personas sin cobertura durante la próxima década. Según explicó, se proyecta que entre 10 y 15 millones de personas podrían quedarse sin seguro médico en los próximos diez años**, lo que representaría un incremento significativo en el número de estadounidenses sin protección sanitaria.

“¿Cómo se traduce esto en las zonas rurales? El efecto es realmente profundo, porque estas áreas dependen en mayor medida de la cobertura pública. Menos personas cuentan con un seguro proporcionado por el empleador y más dependen de Medicaid y de la ACA”, destacó.
Cuando una persona pierde su seguro, explicó, las consecuencias no recaen únicamente sobre el paciente. Los hospitales también dejan de recibir ingresos por los servicios que prestan.

“El impacto se siente en toda la economía local y en el sistema de salud en particular, porque si un hospital cierra o reduce sus servicios, las consecuencias son enormes para todos”, añadió.

AGRICULTORES ENTRE LOS MÁS AFECTADOS

Las consecuencias económicas también alcanzan de manera especial a los trabajadores independientes de las comunidades rurales. Hempstead destacó que numerosos agricultores dependen de los
mercados de seguros de la ACA porque trabajan por cuenta propia y no tienen acceso a planes de salud patrocinados por un empleador.
Los recientes incrementos en las primas, relacionados con la expiración de créditos fiscales ampliados, han provocado que el costo de mantener una póliza resulte considerablemente más alto para muchas familias.
“Esto supone un duro golpe económico para los agricultores, y dado que muchos de ellos son mayores, sus primas son aún más elevadas, por lo que la pérdida de los créditos fiscales mejorados resulta realmente significativa”, explicó.

TENNESSEE: EL COSTO HUMANO DE PERDER EL SEGURO

La doctora Amy Gordon Bono, médica de atención primaria en Tennessee, ofreció una perspectiva desde uno de los estados donde la crisis de acceso a servicios médicos rurales se ha vuelto especialmente visible.
Explicó que Tennessee se ha caracterizado históricamente por albergar importantes empresas de atención médica y centros de innovación sanitaria. Sin embargo, afirmó que para una gran parte de la población esos avances no necesariamente se traducen en acceso real a servicios de salud.

Como ejemplo, relató el caso de una paciente de poco más de 60 años que sufrió un derrame cerebral que, según explicó, posiblemente pudo haberse prevenido.
La mujer estaba inscrita en un plan de salud de la ACA, pero perdió la cobertura porque ya no podía pagar las primas.
Posteriormente sufrió el derrame cerebral y terminó siendo atendida sin seguro en un hospital rural del centro de Tennessee.
“El hospital que le brindó atención no recibirá reembolso alguno, lo que contribuye al cierre de esos centros de salud rurales”, explicó Gordon Bono.
La especialista señaló que situaciones similares se presentan con frecuencia en el estado.
“El mes pasado figuramos entre los diez peores estados en cuanto a servicios de salud asequibles y de calidad”, señaló.
Agregó que algunas mediciones ubican a Tennessee entre los estados con mayores índices de mortalidad prematura entre adultos de 18 a 64 años, impulsada principalmente por enfermedades cardíacas, problemas relacionados con el consumo de sustancias y enfermedades respiratorias crónicas.

CUANDO TENER SEGURO YA NO ES SUFICIENTE

Para Gordon Bono, uno de los problemas centrales es que el costo de la atención médica y de los seguros continúa aumentando.
“Es una situación difícil porque, sinceramente, hoy en día la atención médica y los seguros de salud son muy costosos. Si no puedes acceder a ellos a través de un empleador, la situación se complica”, afirmó.
Explicó que existen propuestas como los modelos de atención primaria directa, en los cuales los pacientes pagan directamente a los médicos sin depender completamente de las aseguradoras.
Sin embargo, advirtió que esas alternativas tampoco pueden sustituir un sistema integral de cobertura.
“Basta un accidente automovilístico para necesitar atención médica altamente especializada”, indicó.
La especialista consideró que Estados Unidos ha llegado a un momento en el que resulta inevitable discutir cambios más profundos en el sistema sanitario.
“Hemos llegado a un punto crítico, así que les animo a hablar con sus vecinos y con sus líderes políticos. Tenemos que hacerlo mejor para todos”, manifestó.

UN SEGURO QUE RESPONDA CUANDO SE NECESITA

El doctor Neale Mahoney, profesor de Economía de la Universidad de Stanford y George P. Shultz Fellow del Stanford Institute for Economic Policy Research, señaló que alrededor del 92 % de los habitantes de comunidades rurales cuentan con algún tipo de seguro médico, pero para muchas familias esa cobertura no necesariamente brinda protección financiera cuando enfrentan una enfermedad o una emergencia.
“He escuchado en numerosas conversaciones decir: ‘Nuestro seguro no es realmente un seguro’. Pagamos cientos, o tal vez miles de dólares al mes por la póliza, pero cuando ocurre un percance, el seguro no está ahí para cubrirnos y terminamos viendo cómo nuestra estabilidad financiera se desmorona”, explicó.

Mahoney señaló que esta situación ha impulsado un debate sobre la necesidad de establecer mayores protecciones para los pacientes.
Entre las alternativas mencionó limitar los gastos que los asegurados deben pagar de su propio bolsillo a una cantidad mensual razonable, incluso dentro de programas como Medicare.
El objetivo, dijo, sería recuperar una premisa fundamental: que tener seguro médico debería evitar que una enfermedad termine provocando deudas severas o bancarrota.

PERDER EL EMPLEO NO DEBERÍA SIGNIFICAR PERDER LA SALUD

Mahoney también cuestionó la estrecha relación que existe en Estados Unidos entre el empleo y la cobertura médica.
“Perder el trabajo no debería suponer la pérdida del seguro médico”, afirmó.
A su juicio, debería existir una alternativa de cobertura sólida, confiable y de alta calidad que permita a las familias conservar protección sanitaria independientemente de su situación laboral.
El economista señaló que el problema resulta todavía más evidente en áreas rurales, donde muchas pequeñas empresas cuentan únicamente con una o dos opciones de aseguradoras disponibles.
Esa limitada competencia, explicó, concede a las compañías aseguradoras un considerable poder dentro del mercado.

UNA DISTANCIA QUE PUEDE MEDIRSE EN VIDAS

Para millones de estadounidenses que viven lejos de las grandes ciudades, la crisis sanitaria rural ya no se limita únicamente al precio de una póliza.
También significa recorrer más kilómetros para encontrar un médico, esperar más tiempo por una cita o preguntarse si el hospital más cercano continuará abierto cuando llegue una emergencia.

El cierre de un hospital rural no representa solamente la pérdida de un edificio o de una institución médica. Puede significar la desaparición de salas de emergencia, servicios de maternidad, empleos y una de las principales redes de protección de toda una comunidad.
Mientras avanzan los cambios en Medicaid, en la ACA y en el mercado de seguros, el desafío será evitar que el lugar donde una persona vive determine sus posibilidades de recibir atención.
Porque cuando la distancia, el costo o la falta de cobertura impiden llegar a un médico, ]*la pregunta deja de ser únicamente quién puede pagar un seguro de salud y pasa a ser quién puede realmente darse el lujo de enfermarse.*

ORADORES INVITADOS

– Dra. Katherine Hempstead, asesora principal de políticas de la Fundación Robert Wood Johnson.


– Dr. Neale Mahoney, profesor de Economía de la Universidad de Stanford e investigador George P. Shultz del Instituto de Investigación de Política Económica de Stanford (SIEPR).


– Dra. Amy Gordon Bono, médica de atención primaria en Tennessee.

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