GLP-1: LA PROMESA DE PERDER PESO ENTRE ALTOS COSTOS Y DUDAS A LARGO PLAZO

REDACCIÓN PRENSA ATLANTA
La creciente popularidad de medicamentos GLP-1 como Ozempic, Wegovy, Mounjaro y Zepbound ha transformado el tratamiento de la obesidad y la diabetes tipo 2. Actualmente, millones de adultos utilizan estos fármacos, mientras aumenta también su prescripción entre pacientes más jóvenes.
Especialistas coinciden en que estos medicamentos representan una herramienta importante para determinadas personas, pero advierten que todavía existen interrogantes sobre su uso prolongado, sus costos, el acceso desigual y, particularmente, sus posibles efectos en niños y adolescentes.
Durante la videoconferencia “Más allá de la pérdida de peso: un análisis de las promesas y los riesgos de los fármacos GLP-1 a lo largo de la vida” organizada por American Community Media (ACoM), médicos, investigadores y pacientes analizaron los beneficios y desafíos relacionados con estos tratamientos.
PERDER PESO NO ES SOLO CUESTIÓN DE VOLUNTAD
La doctora Jenna Shaw Tronieri, investigadora principal del Centro para Trastornos de Peso y la Alimentación de la Facultad de Medicina Perelman de la Universidad de Pensilvania, explicó que bajar de peso mediante cambios en el estilo de vida, como la dieta y el ejercicio, puede resultar muy difícil y requiere un esfuerzo considerable.
“La biología del cuerpo no está diseñada para ayudar a perder peso, y está mucho mejor preparada para prevenir la inanición”, explicó.
Por esa razón, señaló que los medicamentos GLP-1 utilizados para tratar la obesidad buscan modificar algunas de las señales biológicas relacionadas con el hambre y la sensación de saciedad.
“En lugar de controlar meticulosamente cada caloría o esforzarse por saciarse con alimentos bajos en calorías mientras aún sienten ganas de comer más, simplemente notan que sus porciones son más pequeñas, o que pican entre horas con menos frecuencia, y que, aunque la comida sigue siendo placentera, ya no les preocupa tanto”, indicó.
La especialista advirtió, sin embargo, que suspender el tratamiento puede provocar una recuperación significativa del peso perdido. Según explicó, los pacientes que dejan de utilizar estos medicamentos pueden recuperar aproximadamente dos tercios del peso perdido durante el primer año después de suspenderlos.
En contraste, las personas que continúan con el tratamiento tienden, en promedio, a mantener relativamente estable su pérdida máxima de peso incluso hasta cuatro años después.
“Hay muchas otras razones por las que los pacientes pueden optar por interrumpir el tratamiento, como los efectos secundarios o la pérdida de cobertura o de acceso a estos medicamentos, lo cual es particularmente problemático debido a su alto costo”, señaló Tronieri.
SU EXPERIENCIA CON OZEMPIC
El costo y la posibilidad de tener que utilizar estos medicamentos durante años son precisamente algunas de las principales preocupaciones de Jasmyne Cannick, residente de Los Ángeles de 48 años.
Cannick comenzó a tomar Ozempic hace cinco años por recomendación de un médico cuando se encontraba cerca de desarrollar diabetes. No quería someterse a una cirugía bariátrica y tampoco quería enfrentar en el futuro algunas de las graves complicaciones de salud que había observado entre miembros de su propia familia.
“Pesaba unas 250 libras, mido 5.6 y mi salud no era la mejor. En ese momento ni siquiera sabía que Ozempic se convertiría en lo que es ahora. Cuando empecé pagaba unos 25 dólares al mes; y con una nueva administración en la Casa Blanca pasé a pagar $800 al mes”, relató durante la videoconferencia.
Hoy pesa aproximadamente 185 libras, pero todavía intenta determinar durante cuánto tiempo continuará utilizando el medicamento.
“Definitivamente no quiero que sea un compromiso de por vida para mi bolsillo. Empecé con unas 250 libras. Ahora peso aproximadamente 185. Soy una mujer afroamericana que quiere tener trasero y muslos. No quiero estar delgada hasta el punto en que la gente me pregunte: ‘¿Estás bien?’”, expresó.
Cannick explicó que el medicamento no ha sustituido los cambios en su estilo de vida. Mientras continúa con el tratamiento, también trabaja para mantener hábitos más saludables.
“Juego al tenis al menos tres veces por semana. He cambiado mi forma de comer significativamente desde que empecé con Ozempic”, señaló.
Su expectativa es que eventualmente pueda dejar el medicamento.
“Espero no tener que seguir con el medicamento. Es como un programa de mantenimiento, no necesariamente para bajar de peso, sino simplemente para no subir”, agregó.
LA OBESIDAD ES UNA ENFERMEDAD COMPLEJA
La doctora Fátima Cody Stanford, profesora asociada de Medicina y Pediatría de la Facultad de Medicina de Harvard, sostuvo que la obesidad debe entenderse como una enfermedad relacionada con la regulación energética y no simplemente como una falta de fuerza de voluntad.
“El cuerpo tiene un sistema complejo para almacenar energía, y está moldeado por la genética, las hormonas, los centros del apetito del cerebro, el sueño, el estrés, el entorno construido en el que vivimos y el entorno alimentario que nos llega desde el nacimiento”, explicó.
Stanford señaló que factores como el aumento de la ingesta de alimentos, la disminución del gasto energético y las alteraciones en el almacenamiento de energía pueden estar determinados tanto por procesos internos del organismo como por elementos externos.
“Aspectos como la genética, la inflamación crónica, la regulación hormonal del apetito y la alteración de la fisiología del estrés quedan dentro del balance”, señaló.
La especialista destacó además el impacto que las condiciones sociales, económicas e históricas pueden tener sobre la salud.
Dijo que muchas personas con obesidad viven en entornos que no necesariamente han sido diseñados para favorecer una vida saludable.
Al referirse específicamente a las mujeres afroamericanas en Estados Unidos, Stanford vinculó las disparidades actuales con generaciones de estrés fisiológico y exclusión económica.
“Cuando hablamos de mujeres afroamericanas en Estados Unidos, la obesidad comenzó con el estrés fisiológico crónico y sostenido de la esclavitud misma”, manifestó.
Según explicó, décadas de investigación han permitido comprender mejor cómo la exposición sostenida a hormonas relacionadas con el estrés, como el cortisol, puede modificar la manera en que el organismo almacena grasa, regula el apetito y controla la inflamación.
“Este no es un fenómeno del siglo XX, sino una realidad fisiológica del siglo XIX, impresa en los cuerpos de las personas afroamericanas durante la esclavitud y transmitida biológicamente a lo que hoy llamamos programación epigenética e intergeneracional, y socialmente a través de generaciones de exclusión económica”, afirmó.
Stanford sostuvo que las altas tasas de obesidad entre mujeres afroamericanas deben analizarse considerando casi dos siglos de estrés acumulado, desigualdad económica y las limitaciones de sistemas alimentarios y de atención médica que históricamente no han respondido adecuadamente a las necesidades de esta población
MEDICARE AMPLÍA EL ACCESO, PERO PERSISTEN LAS BARRERAS
Stanford también se refirió al programa puente de GLP-1 de Medicare, implementado por los Centers for Medicare & Medicaid Services (CMS) a partir del 1 de julio.
La especialista explicó que se trata de una medida temporal y no de una solución permanente, ya que está programada para finalizar el 31 de diciembre de 2027.
Además, requiere autorización previa.
“Es una solución provisional, no definitiva, ya que el programa está programado para finalizar el 31 de diciembre de 2027 y requiere autorización previa, lo que significa que un médico debe presentar una solicitud a los CMS, y debe ser aprobada antes de que un paciente siquiera reciba una receta”, explicó.
Stanford advirtió que este requisito podría representar una barrera adicional para las poblaciones que ya enfrentan dificultades para acceder regularmente a servicios médicos.
“Las comunidades con un acceso menos constante a la atención primaria, a menudo las mismas que sufren la carga de dos siglos de estrés y exclusión estructural, son las que tienen más probabilidades de quedar desamparadas por un programa que, en teoría, debería ayudarlas”, afirmó.
EL USO DE ESTOS FÁRMACOS EN MENORES
El doctor Dan Cooper, profesor distinguido emérito de Pediatría de la Universidad de California en Irvine, expresó preocupación por las posibles consecuencias no deseadas del creciente uso de medicamentos contra la obesidad entre niños y adolescentes.
Cooper dijo que cuando atiende a un niño de 12 años que pesa alrededor de 300 libras —unos 136 kilos— piensa en los millones de dólares destinados al desarrollo de medicamentos para controlar la obesidad, pero también se pregunta qué ocurriría si una parte de esos recursos se destinara a crear mejores oportunidades para realizar actividad física.
Esto resulta especialmente importante, señaló, en comunidades de bajos recursos donde los niños pueden tener menos acceso a parques, actividades recreativas y programas adecuados de educación física.
“¿Qué pasaría si hubiera más parques? ¿Qué pasaría si la educación física en la escuela fuera mejor? Tal vez no vería a este niño de 12 años que pesaba 300 libras, y también sé que si pudiera controlar su entorno, podría solucionarse el problema de la obesidad sin medicamentos”, afirmó.
Cooper reconoció que existen situaciones en las que los pediatras necesitan alternativas inmediatas para ayudar a pacientes con obesidad severa.
“Veo a niños de 12 años que pesan 136 kilos, y sé que mis colegas pediatras quieren poder hacer algo, y a veces los medicamentos son la única opción”, explicó.
Sin embargo, insistió en que todavía existen preguntas sobre las consecuencias que estos tratamientos podrían tener después de muchos años de uso.
Por ello, considera necesario actuar con especial cautela cuando se administran a menores.
El especialista señaló que, mientras no exista una comprensión más completa de sus efectos a largo plazo, el uso de estos medicamentos en niños y adolescentes debe ser cuidadosamente evaluado.
EL DESAFÍO: BAJAR DE PESO Y MANTENERLO
Los medicamentos GLP-1 han abierto nuevas posibilidades para millones de personas que viven con obesidad o diabetes tipo 2, pero las experiencias de pacientes como Cannick y las advertencias de los especialistas muestran que el tratamiento va mucho más allá de perder libras.
El costo, la cobertura de los seguros médicos, los efectos secundarios, la posibilidad de recuperar peso después de suspenderlos y las incertidumbres sobre su utilización durante muchos años forman parte de una discusión que continuará a medida que aumenta el número de pacientes que recurre a estos medicamentos.
Para Cannick, después de perder alrededor de 65 libras, el objetivo ya no es únicamente bajar de peso, sino encontrar una forma sostenible de mantener su salud sin depender indefinidamente de un medicamento cuyo costo puede representar una carga considerable.






