UNA DEFENSA DE AMÉRICA, MÁS ALLÁ DE ESTADOS UNIDOS

Por Irene Diaz-Bazán
Bad Bunny no es un intérprete que disfrute escuchar. No consumo su música, no conecto con el género que representa ni con su estilo artístico. Tampoco es un secreto que su dicción ha sido objeto de críticas.
Pero el arte, a veces, trasciende el gusto personal.
Ayer, el artista puertorriqueño Benito Antonio Martínez Ocasio, de casi 32 años, hizo algo que va más allá de la música: se plantó con su identidad latina en el escenario del Super Bowl LX, el evento televisivo más visto en Estados Unidos, en un momento en el que se percibe un creciente rechazo hacia las comunidades latinoamericanas y migrantes en el país.
Gritar su nombre, su origen y su cultura en un escenario de esa magnitud no fue un gesto menor. Fue una afirmación de presencia. Un recordatorio de que también somos parte del relato de esta nación.
Con su actuación, Bad Bunny rompió esquemas y desafió estereotipos. No intentó “encajar” en un molde tradicional del espectáculo anglosajón: llevó su identidad tal como es. En ese mismo escenario, Lady Gaga —una gigante de la música— demostró su versatilidad con una energía arrolladora, mientras que Ricky Martin aportó presencia, experiencia y carisma.
Más de 127 millones de personas presenciaron un momento que, más allá del espectáculo, dejó una lección de amor, unidad y cohesión. Al final del día, el mensaje trasciende la estética, el género musical o las preferencias personales: importa más el fondo que la forma.
Porque América no es solo un país; es una suma de voces, acentos, historias y culturas que, juntas, siguen escribiendo su identidad.






