1 de octubre: Memorias de una periodista

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Por Irene Díaz-Bazán

Mis padres se habían separado. Fue el primer gran golpe de mi vida. Una herida aún abierta en el resquicio de mi alma. Nos mudamos de la ‘Lima Gris (dónde nací) a Chiclayo, “La Ciudad de la Amistad” en Perú.
Crecí entre la vida dinámica de mi madre, una guapa maestra sumamente perfeccionista y esmerada en su trabajo y los olores agradables de la cocina de mi abuelita, a quien llamamos ‘Bellita’, quizá para hacerle justicia a su belleza sutil. Ella, la madre de mi madre, fue el referente más grande de amor que he sentido en este agitado corazón.
Cuando era niña, solía avergonzarme por todo, me delataban mis mejillas encendidas, un color que me acompaña hasta la fecha. Pero en el fondo, era firme en mis convicciones, será por ello que me eligieron como brigadier del salón en una escuela privada regentada por monjas.
Un día conocí el sentido de justicia y la pugna por el respeto al derecho ajeno cuando vi a una religiosa humillar terriblemente a un estudiante. Me quejé, pedí cuentas, levanté la voz, lloré de impotencia. Pero ¿quien le haría caso a una mocosa como yo?
El delito quedó impune. Desde entonces un hambre de equidad social me persiguió.
A los 16 años sabía muy bien que sería abogada o periodista. Realicé el segundo sueño con creces y ya transcurrieron más de dos décadas. Así es, son 27 años de carrera digna y esforzada.
Hoy, a mi edad, celebro el haber conseguido a través de mi humilde trabajo que se escuche el
clamor de los callados.
Después de laborar durante años para otros y de ver pasar la historia con boleto de primera clase en Perú y Estados Unidos; decidí fundar Prensa Atlanta para ejercer periodismo comunitario. Quizá para vengar -sin proponérmelo- al niño humillado del colegio, por esa gente que necesita recursos, por aquel que aún se siente en un rincón del mundo, invisible, por las víctimas del sistema y también por mis hijos, mis bastiones de vida, mis caballos de fuerza.
Gracias a Dios por tanto amor y a mi familia que me acompaña en este periplo.
Feliz Día del Periodista peruano.
Gracias a mi equipo: Luis Carlos Arias, Héctor Castañeda, Carolina Valcárcel y a nuestros sponsors.

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Foto: Irene Díaz-Bazán/CEO/Director/PRENSA ATLANTA

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